La entrada en Angola, suponía el inicio de la última parte de esta pequeña locura, a la que yo, ignorante, le asignaba un menor grado de dificultad, quizás porqué desaparecía el obstáculo de superar las fronteras o también, por alejarme de la zona afectada por la temporada de lluvias.
Para llegar al paso fronterizo, me faltaban 100 kms de asfalto, atravesar media docena de controles, pagar un peaje por una pista rota y polvorienta, y recorrer por ella, los 16 kilómetros hasta el inframundo fronterizo.
La concentración en la idea de franquear el paso, siempre me abstrae de lo que veo antes, durante e inmediatamente después de la zona fronteriza, de la que siempre intento salir pitando. La de DRC con Angola o de Lwfo, es algo bestia en la parte DRC, entre el polvo y un suelo cubierto de residuos de plástico, a ambos lados de la pista se suceden un par de kilómetros de chabolas, dedicadas a la venta de toda clase de productos y a los negocios propios del borde.
Una hora más tarde de mi llegada a la barrera, tenía en el pasaporte implantados los dos sellitos, salida DRC y entrada en Angola y había cambiado algunos dólares por Kwanzas angoleños, que seguro me timaron.
Tras sesenta kilómetros de asfalto, y en la confianza que tengo en la ruta que me impone el gps, acabé sin quererlo, en una pista roja, que no hacía mucho había sido mojada por la lluvia. A estas alturas del viaje no me hace ninguna gracia caer sin necesidad en recorridos sin asfalto por razones mecánicas y por la seguridad personal. La rueda trasera desde el llantazo de Gabon dejó de ser redonda, la cadena y la corona sufren mayor desgaste y la cámara tiene ya tres pinchazos de consideración reparados. Y en lo que a mi respecta, me exige un mayor esfuerzo físico y de concentración, además, este tipo de recorridos, solo sabes dónde empiezan, lo que provoca un nivel de estrés, justificado en la experiencia de que siempre hay problemas y ésta vez tampoco ha sido uno excepción.
Uno de mis muchos problemas es mi resistencia a deshacer el camino andado, lo cual casi siempre, me lleva a caer en problemas mayores. A los 14 kms de ver que por allí no me cruzaba con nadie, me tendría que haber dado media vuelta, y más aún después de preguntar a un paisano, que me dijo que en la pista existe un río sin puente, pero hay una canoa para pasarlo. Mirando la moto y con gestos, se atrevió a decir tambien, que mas o menos cabía en la canoa. Y a que distancia está el río dichoso?. A unos 40 Kms, respondió. Poco a poco la pista ancha se fue convirtiendo en estrecha, luego en camino y finalmente, en los últimos 20 Kms, el abandono y la lluvia la habían convertido en una trialera. Para más jodienda, un vadeo con corriente y el fondo lleno de pedrolos. El agua me llegaba a los bolsillos del pantalón, por no decir por dónde exactamente, pero gracias al ángel de la guarda que me acompaña, por mandato de mi madre y al único paisano que me encontré en muchos kilómetros, tras unos hercúleos 20 minutos, todos a remojo, empujando y quitando piedras del fondo, pudimos pasar la moto.
Además no eran 40 Kms al río, fueron 90.
El paso del río fue otra odisea, había que ver la canoa y a los paisanos allí acechados para el servicio. Era la típica barca del Parque del Retiro, en la que había que subir y bajar una moto de casi 200 kgr y 4 o 5 personas para poder después descargarla y además, la llamada canoa hacía agua por la proa, por lo que uno de los barqueros, se dedicaba a las tareas de achique.
A todo esto yo totalmente empapado, por el sudor de la cintura para arriba y mojado por el vadeo de cintura para abajo.
A pesar de mis miedos, los barqueros se las arreglaron para hacer el trabajo sin daño alguno.
En la siguiente travesía me tocó el turno junto con el equipaje. Total 4000 Kwzas empapados y previamente negociados, unos 15€.
Cargada la moto y humedecido hasta los huesos, de nuevo en marcha para recuperar algo de frescor. Se hacía tarde y la pista no se acababa. Decido buscar acogida en el siguiente pueblo y obtengo autorización para poner la tienda donde me parezca.
A los cinco minutos no tengo sitio para poder montar la tienda, estoy rodeado por decenas de niños, mirando y preguntando, cada vez mas cerca de lo que hago, no puedo quitarmelos de encima. Me voy a cambiar de ropa a una trasera, hay descojono total. Todo les hace gracia, quieren jugar, ARRIBA! Y todos con los brazos arriba, ABAJO!...
Después de muchas risas, consigo con la ayuda de un adulto, que me pueda ir a descansar.
He pedido que me laven la ropa, 1000 Kwzas. Al rato me la encuentro tendida frente a la tienda.
Ha sido un día duro que merecerá ser recordado.
Esta noche la pasé aquí. 02/05/2017
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DIARIO
miércoles, 3 de mayo de 2017
Angola I
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¡Hermanito, has pasado el Congo, y atravesado el antiguo Zaire. ¡Que maravilla! Agora a falar portugués. muito bem. Se te está acabando Africa......
ResponderEliminarBesos de parte de tod@s
Madre mía Eloy!!!!!!! No me lo puedo creer!! Vaya día...no ganas para sustos...y con la rueda trasera que dejó de ser redonda en Gabón...no me extraña que dijeras que cada día todo parecer pender de un hilo...Dónde estaba el ángel de la guarda cuando viajabas con Garagorri y éstos? o será por eso que ahora está atento?
ResponderEliminarANIMO QUE TU PUEDES.
Bueno, crucemos los dedos. Cuida esa corona y no cometas excesos.
ResponderEliminarYa no necesitas ángel de la guarda, ya te graduaste y pareces responsable, jaja.!!!
Además ahora Eloy para nosotros es el Messi de los viajeros. (o el ronaldo, que nadie se mosquee).
Anda, disfruta, acaba el viaje por la zona más placentera y vuelve para abrazar a los tuyos.
Y eso sí, estás obligado a pasarte por un jueves cervecero para contarnos todo.
Besitos.
Luis G.