He salido como siempre, al alba, con la idea de hacer los 295 kms que me separaban de la frontera del Congo Brv.
He empezado a sentir pequeñas sacudidas en la cadena que me tenían preocupado y buscando la causa, el
acojono que me ha entrado al ver la corona (piñón de la rueda trasera) muy gastada, hasta el punto de que voy a tener que buscar alguna por el cambio aunque dudo mucho de encontrarla antes de Windhoek (Namibia), incluso allí tengo muchas dudas. Solución, no se me ocurre ninguna, salvo tenerla bien engrasada y mantener, cuando se pueda, la velocidad constante, para que dure.
La mañana me guardaba otra sorpresa. A 48 kms del límite fronterizo de Gabon, tenía que sellar el pasaporte. Menos mal que me he parado, por casualidad, a comprar algunas cosas y un tipo sin preguntárselo me lo ha dicho. Hubiera llegado a la frontera y vuelta, además por un pista, que tenía de todo, barro, polvo, charcos y millones de baches, incluso algún tramito rápido.
Después de intentar, sin éxito, hacer las fotocopias que me pedían, pues no había electridad en todo el pueblo, y que me exigían para obtener el sellito de salida de Gabon, el funcionario me propone esperar hasta mañana. No te jode, pienso. Pero en la maleta llevo las fotocopias que me pedía, salvo la del visado de Gabon. Le propongo que copie los datos del visado o que le saque una foto con el móvil. Se niega, pero el jefe que anda por allí, se muestra benévolo y magnánimo, y así lo ordena. Al rato sellito conseguido.
La frontera de Congo tiene su barrera en medio de una trialera, increíble. He estado una hora sudando a mares yo solito ya por allí no pasa nadie. En cuatro libros se han registrando mis datos, en cuatro casetas con cuatro policías de cuatro confesiones polimilitares y todos escribiendo a una velocidad que aburre a un muerto. Al final he pasado, tras mil preguntas que ya me espero y conozco. Una pega, tengo que ir al pueblo siguiente,es decir, a otros 48 kms de pista, para conseguir el pasavan, tras soltar la mordida de 10.000 cfa, por tan solo cuatro días, le he pedido recibo al funcionario por tocar los cc., y con todo su morro me ha contestado, no hay recibo. Me he largado por la pista y ya cansado con el deseo de encontrar un hotel y tras 30 kilómetros, he preguntado que distancia había a Dilosi, que es donde comienza algo de civilización, respuesta 155 y por esa pista, no llego, son las 16:30 y tan solo queda una hora de luz. A buscar alguien que me acoja que no hay tiempo.
Más adelante, la pista atravesada con un cable y un montón de bandidos esperando. Que pasa que quieren pasta, tras llorar y regatear un poco, les doy todas las monedas que tengo y me dejan pasar. Al rato y sobre la moto, me doy cuenta que les he dado las que pertenecen a la otra zona cfa, serán gilipollas.
Díez kilometraje más tarde otro montón de bandidos a la entrada de un barrizal, apostados a lo mismo. Lloros y regateos, 1000 cfa (1,5€). Pago, paso y cuando me queda 1 metro para superar el barrizal, al suelo. Media docena de forajidos, vienen corriendo a ayudarme, los espero y me levantan la moto. Me largo de allí, no puedo más, diez kilómetros más tarde me acojen.
Monto la tienda y me doy cuenta que huelo muy mal, yo y todas mis cosas. Qué asco, mañana tengo que adecentarme.
Tumbado sobre la colchoneta, fresquito como siempre.
Me está cayendo una tormenta encima de aupa, parece agua a presión, con rayos y truenos. Lo bueno de todo esto es que refresca.
La noche del 28/04/2017, estaba aquí
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DIARIO
domingo, 30 de abril de 2017
Congo. Camino de Brazzavill
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